Atziri Ávila*

Desde el movimiento feminista y de derechos humanos hemos cuestionado los procesos poco transparentes y cupulares para la asignación de cargos públicos y en organismos autónomos; también hemos exigido la participación real de las mujeres y que su presencia se materialice en cargos de toma de decisión, no para manipularse como “rellenos” sino como sujetas de derecho.

La falta de transparencia en la votación para la elección de la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en nada abona a la erradicación de las prácticas que como mujeres y defensoras de derechos humanos hemos denunciado.

Luego de un proceso público que prometía velar por la imparcialidad y garantizar que los mejores perfiles serían los que constituirían la terna que el Senado de la República votaría, la fase final fue altamente cuestionada aún más el pasado jueves 7 de noviembre, fecha en la que se realizó la votación de quien fungirá como titular de la CNDH por los próximo cinco años.

El resultado oficial de esta votación fue: 76 votos para Rosario Piedra Ibarra, 24 para Arturo Peimbert, 8 para José de Jesús Orozco y 6 abstenciones; es decir, 114 votos. Sin embargo, el análisis posterior de las cédulas contadas concluyó que no fueron 114 sino 116 votos. Con ello, la mayoría calificada debería ser 78 y no 76 -que fueron los obtenidos por Rosario Piedra Ibarra-.

Rosario Piedra Ibarra.

Las irregularidades fueron documentadas y transmitidas en vivo por el propio Canal del Congreso, con lo que queda mal parado el Senado de la República y, en particular, su Mesa Directiva presidida por la Senadora Mónica Fernández, ya que violentan el artículo 102, apartado B de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece que la presidencia de la CNDH será elegida: “por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes de la Cámara de Senadores [as]”, lo cual pone en entredicho la legalidad de dicha votación.

En ese sentido, en congruencia con la exigencia de las propias víctimas y personas defensoras de los derechos humanos, es necesario que en el proceso de elección de la presidencia de la CNDH no exista lugar a dudas, que deslegitimen no solo a Rosario Piedra Ibarra sino a la propia CNDH y al Senado.

Frente a ello, es necesario que se escuchen las peticiones que hacen un llamado para que:

1.-Se reponga el procedimiento de elección a la presidencia de la CNDH.

2.-El nuevo procedimiento de elección sea en una votación con tablero abierto y con la presencia de un fedatario público.

3.-Se dé vista a la contraloría interna del Senado y al Ministerio Público, con el fin de deslindar las responsabilidades que derivaron en dicha ilegalidad.

Al ser la CNDH un organismo público de derechos humanos, y Rosario Piedra Ibarra una víctima y defensora que ha caminado de la mano del Comité Eureka en búsqueda de su hermano y de miles de personas desaparecidas en México, es necesario que contribuya a la transparencia y que su llegada a la CNDH no sea con prácticas que desde el movimiento social, feminista y de derechos humanos hemos cuestionado.

Para ello, aceptar e incluso solicitar el nuevo conteo de las cédulas de votación -actualmente salvaguardadas por la Mesa Directiva del Senado- y/o realizar la repetición de la votación con esa misma terna, despejará todo tipo de cuestionamientos pero, sobre todo, contribuirá a garantizar una CNDH legítima y autónoma.

Sin duda, este acto es una decisión política que evidenciará el verdadero talante de quien contribuirá a que los derechos humanos en México sean garantizados en los próximos años. Y si tomamos en cuenta que la diferencia con el segundo candidato es de 52 votos, la repetición de la votación sería prácticamente un acto que ratificará su victoria, devolverá la honorabilidad al Senado y dará certeza a la ciudadanía.

De no hacerlo, fortalecerá la decisión de las y los aspirantes que han decidido ampararse, y animará a quienes no lo habían pensando en hacerlo.

Estamos ante la oportunidad de que la nueva etapa de la CNDH no se inicie a través de la estigmatización de un fraude ni la denostación al Senado de la República. También ha quedado evidenciado que el uso de las urnas es una práctica obsoleta que no da certeza, credibilidad y confianza a las y los mexicanos que votaron o apoyaron a los 128 senadores y senadoras que conforman esa Cámara.

Este “incidente” en el que no se contaron dos votos -que hacen una diferencia- es un llamado de atención para renovar las prácticas y que éstas den certeza a la ciudadanía a través de los tableros electrónicos, sobre todo cuando en los próximos días en el Senado se realizará la votación del nuevo o nueva Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de dos nuevos integrantes Consejo de la Judicatura Federal.

Como feminista y defensora de los derechos humanos, parte de mi labor ha sido contribuir a que la participación política de las mujeres sea garantizada. Estoy convencida de que nuestra participación política es un derecho y no una concesión, y que nuestra mirada y experiencia es necesaria en todos los ámbitos para el desarrollo democrático de nuestras sociedades; sin embargo, validar, repetir y tolerar las prácticas contra las que hemos luchado, no es un buen augurio para la, de por sí, quebrantada CNDH.

*Integrante de diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos y redes feministas. Consejera Ciudadana del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de los Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación.

@AtzirieAvila @CMecanismo